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Jonás y la Ballena

Eliseo fue un gran y buen profeta, al igual Jonás quien recibió un castigo para que rectifique su camino. Él fue elegido como profeta, y Dios le ordenó visitar Nínive ya que el pueblo estaba en el pecado y debía arrepentirse. Pero Jonás desobedeció a Dios y tomo un barco hacia otro destino.

Cuando Jonás estuvo en altamar, Dios desató su ira con una terrible tormenta. El miedo estaba presente en la tripulación, pero Jonás permanecía en silencio consciente que eso era un castigo divino. Lo Marineros preguntaron a Jonás que se podría hacer para que no perecieran, entonces él le dijo que se arrojaría al Mar para que puedan salvarse. Así, Jonás lo hizo y fue tragado por una Ballena pero sin daño alguno.


Jonás vivió dentro de la Ballena durante tres días y tres noches. Él oró durante todo ese tiempo, luego la Ballena lo dejó en una playa. Tras esto, retomó su viaje hacia Nínive.

(Jonás: 1, 2, 3)

Eliseo, el nuevo profeta

Cuando se apagó el fuego y los judíos entendieron el gran poder de Dios, Dios dijo a Elías:

"Llegará a ti un nuevo profeta que te hará compañía por muchos años."

El nombre del profeta era Eliseo, y así como lo dijo Dios, acompaño a Elías en sus últimos años de vida. Ambos cruzaron el río Jordán y Eliseo, pidió a Elías  tener el espíritu santo en él. Antes de fallecer Elías, dio su manto divino a Eliseo y el, jamás se separó de este.


Gracias a su gran Fe, Dios ayudó a Eliseo realizar muchos milagros. Uno de ellos fue cuando ayudo a una mujer multiplicando sus tinajas de aceite par que logre venderlas y así evitar que un prestamista se las quite a sus hijos. Otro de sus grandes milagros fue cuando resucitó al hijo único de una pareja de ancianos, así como otro donde curó a un extranjero de la lepra.

(2 Reyes 1, 2, 3, 4, 5)

Venciendo a Baal

El pueblo de Israel seguía adorando a Ídolos, Baal era uno de ellos y era adorado por unos ochocientos sacerdotes inmorales.

Elías se acercó a Acab para convencerlo que debía volver al buen camino con el pueblo, y que se olviden de aquellos falsos ídolos y adorar de nuevo a Dios. Elias llevó a Acab a la montaña más alta acompañado del pueblo y los sacerdotes. Allí demostró el poder de Dios.

En aquel lugar, se montó un altar de sacrificios e invitó a los fieles que invoquen a sus Ídolos esperando que aviven el fuego del altar. Muchos oraron pidiendo gracia a Baal, pero este tras muchas súplicas jamás se asomó.


Cuando le tocó el turno a Elías, se puso de rodillas y oró. Invitó a la gente que hicieran lo mismo. De ese modo, el altar del sacrificio se encendió con fuego llegado al cielo. Cuando la gente notó el poder divino de Dios, destruyeron a Baal y eliminaron a todo falso sacerdote.

(1 Reyes, 18)

El Milagro del Profeta Elías

Dios previno a Elías sobre el mal que le acechaba, así que le dijo que se esconda cerca de un arroyo. Ahí tuvo agua y aves que le daban comida. Cuando hubo sequía, Elías tuvo que irse.

En su camino llegó a casa de una viuda que vivía con su único hijo. Él le pidió hospedaje, y cuando le pidió pan, la viuda dijo que sólo tenia para su hijo. Elías le dijo que no se preocupe, que prepare todo, ya que Dios le brindará más para poder pasar tiempos de hambruna. La viuda así lo hizo y como se dijo, no le faltó pan en tiempos difíciles.


Muchos días después, Elías estaba por irse, cuando de repente el niño enfermó gravemente, y murió. La madre estaba muy deprimida por la perdida de su pequeño. Elías oró con mucha fe y sucedió un milagro. El niño resucitó y la madre estuvo muy agradecida. Ella vio que Elias era un profeta divino.

(1 Reyes 17)